Se hundió en el pecho la desesperación, la espera era asquerosamente larga, pero entre silencios y soledad entendió todo, por duro que fuera…
Ya no había nada que esperar… y en parte, era absolutamente liberador, y sanador.
Sin esperar más por nada ni por nadie se abrió al mundo y sonrió con lo que amaba.
Y su corazón no se rió más por nada, ni por nadie, por lo menos por un tiempo.
Gracias por leer.
El día en que me quieras.
Hace 10 años
No hay comentarios:
Publicar un comentario