A veces, muy de vez en cuanto, sonrío.
Latido… latido… nervios, latido… era como quedar desnudo, era una sensación excelente, nadie jamás le marcó las cosas buenas, nadie lo felicitó, nadie lo pensó así.
Y por más que fueran no más que las migajas de lo que él equívocamente pretendía, fue feliz, fue muy feliz. El abrazo fue lo de siempre, una sensación cálida, que le calmó el dolor.
Gracias por leer.
El día en que me quieras.
Hace 10 años
1 comentario:
Pequeños gestos para unos, mientras que para otros es sencillamente maravilloso.
Besos
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