Cuánto habremos perdido, sinceramente… no puedo recordar.
Ella lo miraba fijo, en su cabeza rondaban las cientos de palabras que el otro le había dicho hace no demasiadas horas. Le endulzó los oídos con promesas y palabras, y aprovechó, para ponerlo en contra de él, de su amado marido, de su complaciente hombre…
El otro pudo hacer bien su trabajo, y ahora ella se encontraba mirándolo fijo, a él, a su marido. “Sin él… podríamos ser felices”
Se acercó lentamente, mientras mil recuerdos venían a su mente…
Y clavó el cuchillo llorando, sin entender por qué lo hacía. “¿Felices?” pensó… “Yo era feliz… hasta que apareció el otro…”
Calentura, ceguera… quién sabrá.
Gracias por leer.
El día en que me quieras.
Hace 10 años
2 comentarios:
Alguien que promete y alguien que necesita escuchar promess.
Besos y feliz día atrasado
La felicidad se corta muy facilmente.
Abrazo
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